Un fallo “ontológico”
El fallo de la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, del 5 de diciembre de 2011, presidida por el Ministro señor Cornelio Villarroel Ramírez, en juicio por difamación en contra de Ítalo Passalaqua, encarna la interpretación ontológica del lenguaje, que de manera tan brillante sintetizó en su enunciado Humberto Maturana Romesín: “Todo lo dicho es dicho por alguien”. Y lo dicho constituye siempre un compromiso, noción básica de la ontología del lenguaje, a partir del cual el “hablante” debe hacerse responsable de las consecuencias de sus palabras.
Este fallo es en respuesta a una querella interpuesta por el fallecido animador Felipe Camiroaga en el año 2008, aporta valor a nuestra convivencia, dado que en él los jueces consagran estos principios y sientan jurisprudencia, señalando que “no es excusa legítima alguna de parte del demandado el hecho de que se haya limitado “a repetir lo que había escuchado”, ni menos constituye eficaz defensa el que no haya sido sólo él sino “el programa todo o quienes integraban el panel” el responsable de lo dicho allí en lo relacionado con la vida privada y con la honra personal del actor y de su familia. Del mismo modo, tampoco mitiga su responsabilidad civil el hecho que no se haya tratado de un “programa periodístico” sino “de farándula” o “de chismes” como el demandado afirma en su escrito de dúplica. Si farándula es en forma figurada una “charla engañosa”, no se ve cómo en el marco de ella haya de admitirse el daño a la moral y a la honra de una persona ante todos los que se hallaban indeterminadamente al alcance ilimitado del programa de televisión”.
Estos principios nos ayudan a superar la falta de compromiso que produce parálisis, resignación y desconfianza cuando en nuestras relaciones cotidianas nos justificamos, del mismo modo como lo hizo Passalaqua, señalando: “Es que yo dije no más…, yo sólo estaba repitiendo lo que oí decir a otro…, lo leí…, es que dicen…, en el reporte decía…”. Todo hablar genera “realidades” y la persona que genera ese hablar tiene el compromiso ético de hacerse cargo de las consecuencias de su decir…, e incluso, su callar u omitir. No se trata de un principio moral, sino una ética de la relación que está a la base de aquello que hace posible el entendimiento y coordinación entre las personas, que en nuestra evolución hizo posible el surgimiento del lenguaje.

Martes, 24 enero, 2012 at 21:11
Gracias Joaquín, por poner en simple el compromiso que implica todo acto de lenguaje. Esto sólo lo pueden hacer los que saben. Habrá leído don Cornelio a Maturana o Flores?? A todas luces un “fallo ontológico”. Pucha que nos hace falta entender y poner en práctica este concepto en las organizaciones.
Siempre un agrado leer tus artículos,
Un abrazo