Crisis del salmón: ¡Culpando a otros no se aprende!

jun30021Nuestra estupidez es aquello que nos cierra la posibilidad de aprender de los errores. ¿Cómo funciona? Una de las maneras más comunes es mediante la “búsqueda del culpable” y por cierto que a los ojos del inquisidor este siempre está en el “locus externo”, es decir, en otros. Un ejemplo muy ilustrador de esta estupidez, es lo que está ocurriendo en nuestra industria del salmón, en la que distintos líderes del sector aparecen culpando a otros por la crisis que está experimentando la propia industria. Me pareció muy ilustrador lo señalado en un programa televiso reciente por uno de los principales empresarios de la industria: “Hubo fallas en cuanto a no prever como país la dimensión que podía tomar la industria… la regulación con la cuál operábamos quedó estrecha y tuvimos que seguir operando con una regulación insuficiente”.  “Estoy seguro de que si la autoridad pesquera y el país hubiesen puesto las mismas protecciones que ponen en la producción ganadera… a lo mejor el ingreso del ISA no se hubiera producido, y ese no es un rol nuestro”.  Actitud muy opuesta a la apropiación que se requiere para hacer las correcciones a un modelo de negocio que requiere de cambios sustanciales para recuperar su competitividad en el mundo.Llevo cerca de 8 años relacionado con la industria salmonera, desde mi rol de asesor. Mi impresión es que esta crisis la vimos, pero no quisimos mirarla dada la ansiedad de crecer y la falta de conversaciones sinceras respecto a la situación que cada empresa estaba viviendo. En concreto, sabíamos que:

  • Noruega (1984),  Canadá (1997) y Escocia (1998) ya habían sido afectados por el ISA. Podríamos haber supuesto entonces, que en algún momento deberíamos ser nosotros los afectados por este virus; más aún, si consideramos la importación de ovas que realizamos hacia nuestro país. Este era entonces el “futuro que ya pasó”.
  • La situación sanitaria del entorno en el que se desarrollan los peces ha venido deteriorándose progresivamente. Esto lo pudimos observar con antelación al ISA, dado que diversas empresas tuvieron que cerrar algunos de sus centros por la elevada mortandad de peces causada por el cáligus, un parásito que nunca antes había tenido este impacto tan significativo.
  • Otra práctica asociada a este progresivo deterioro de las condiciones sanitarias de los peces, es el uso excesivo de antibióticos. En muchos casos se adoptó como una práctica recurrente el hacer tratamientos preventivos con antibióticos, sabiendo que los agentes infecciosos desarrollan resistencias o cambios adaptativos a estos .
  • La sobrecarga de centros de engorda en ambientes interconectados, por corrientes marinas, hace más fácil la transmisión de enfermedades. (En la actualidad no existen estudios suficientes de corrientes para pensar que existen límites entre distintas zonas marinas. Requerimos tratar nuestras aguas costeras como un gran sistema interconectado).
  • La alta concentración de biomasa en los centros, genera un estrés biológico en los peces y con ello es vulnerado su sistema inmunológico.

Todos estos factores eran conocidos por nosotros en la industria del salmón y por tanto, no podemos culpar a los agentes públicos que no nos hayan obligado a hacer cambios, que no nos hayan impuesto restricciones.  Los expertos de esta industria son los propios empresarios y sus equipos de colaboradores, que cuentan con organizaciones gremiales que son el espacio apropiado para coordinarse y cuidar las tasas de crecimiento y concentración, establecer las prácticas sanitarias requeridas para asegurar la sustentabilidad de la industria , aprendiendo de las experiencias y soluciones implementadas por países que ya han encarado situaciones similares, y proponer al sector público las reglas que faciliten el desarrollo sustentable que requiere el negocio.

No nos hace bien el buscar a culpables o entrar al juego de “tirarse la pelota de unos a otros”. Esta crisis es una oportunidad de aprendizaje. Sin embargo, una oportunidad no es un destino.  Es preciso actuar con sinceridad y franqueza, reconociendo los errores cometidos, poniendo el énfasis en la generación de los compromisos y las acciones que permitan hacer viable una industria que requiere de aprendizajes y de cambios a su modelo de negocio.

 
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